“Tía, ¿Has oído que Lukas actúa en Madrid esta noche? Podíamos ir al concierto, que me encanta. Es tan guaaaaapo”, explicó una joven de 15 años llamada Lucía, en el salón de su casa, a su amiga Carla (que tan sólo contaba con un año más que ella y que pasaba la semana en casa de Lucía).
“¿Lukas, el rapero gallego? Claro tía, es monísimo. Soy su fan Nº1. Sabes, en realidad se llama Chus Fado. ¿Te has enterado en qué hotel está? Podemos ir allí y a ver si, con suerte, nos da unas entradas VIP para poder entrar al backstage con él cuando acabe de actuar. ¿Te imaginas que nos dedica un rap y nos firma unos autógrafos? Nena, la Isa se va a morir de envidia”, respondió Carla con tono entusiasta, casi burlón.
“Claro que lo sé, tía. Mi madre trabaja de cocinera en el Melià Ladera Sur y me ha dicho que acaba de llegar al hotel. Si salimos ahora, llegamos al hotel en 40 minutos”, dijo Lucía, saltando enérgicamente del sillón en el que estaba sentada.
“Qué guay, tía… ¡Vamos a conocer a Lukas! Yo quiero que me firme el sujetador”, replicó Carla. “Además voy a llevarle su último disco, para que me lo dedique”.
“¿Su último disco es el de Micros Rotos, verdad?”, comentó curiosa la joven Lucía. “Lo llevo en mi mp3 y lo oigo todos los días en el metro mientras voy al instituto. Es el mejor de todos los que ha sacado al mercado, tía. Y sobre todo, me encanta su primer single… Backstage”.
El Melià Ladera Sur puede considerarse, quizá, como el hotel de mayor proyección y fama internacional de Madrid. Sus habitaciones, todas suites de lujo, acogen cada día a los más selectos huéspedes: así, deportistas de élite, magnates y hombres de negocios comparten espacio con cantantes de éxito y otros artistas de la farándula mundial; pero aquel día, ese hotel protegía a alguien especial. Ese día, el Melià Ladera Sur acogía al rapero millonario Chus “Lukas” Fado, que se encontraba verdaderamente aburrido y no sabía muy bien cómo pasar el tiempo.
Cuarenta y cinco minutos después y con la inestimable ayuda de la madre de Lucía, las dos jóvenes habían conseguido cruzar desde el hall hasta la cocina del hotel, subir hasta la quinta planta por el ascensor de empleados y llegar de incógnito hasta la habitación del famoso rapero gallego. Por suerte para él y por desgracia para ellas, el Destino había jugado sus cartas, unas cartas que pronto estarían boca arriba sobre la mesa, exactamente como estarían las dos chicas tan sólo unas horas después.
“He dicho que no quiero que me moleste nadie. ¿Cómo te atreves a llamar a la puerta? ¿No sabes quién soy? Vete de aquí de una vez”, gritó Chus Fado desde su cama al escuchar que alguien aporreaba la puerta con exaltación.
“¡Lukaaaaas, Lukaaaas! Soy Lucía y vengo con mi amiga Carla. Somos tus mayores fans. Déjanos entrar, por favor. Hemos cruzado todo Madrid y hemos venido aquí para que nos firmes tu último disco”, dijo Lucía. “¡Y yo quiero que me firmes también mi sujetador! Por favor, Lukas, ¡ábrenos!”, finalizó Carla con la emoción comprensible de una adolescente que está a unos metros de conocer a su ídolo.
“Vaya, creo que ya sé qué voy a hacer esta noche”, pensó Fado. “Esperad chicas, ya os abro. Creía que los que aporreaban la puerta eran los pesados de mis representantes, que están empeñados en que cante en inglés”, exclamó el rapero. “Siempre me gusta compartir mi tiempo con mis fans más fieles. Pasad, por favor”.
“Tía, hace una hora nuestro único plan era ver una peli de Brad Pitt y ahora… ¡Vamos a conocer a Lukas!”, murmuró Carla a Lucía con suma cautela mientras se abría la puerta de la habitación.
“Hola, soy Chus Fado, pero me conoceréis seguramente como Lukas, ¿Cuál de las dos se llama Carla? Lo digo porque mi hermana se llama como tú”.
“Carla, reacciona. ¡Te está hablando Lukas!”, le susurró Lucía a su amiga a la vez que daba un pisotón en el pie derecho de una inmóvil y emocionada Carla. “Mi nombr… mi nomb… yo soy Carla”, exclamó finalmente. “¿Me puedes firmar el sujetador? Te estaría muy agradecida. Mi amiga Isa se va a morir de envidia”.
“No será la única que se morirá hoy”, dijo para sí mismo Chus Fado, dejando escapar una sonrisa pícara. “Pues… no sé. Eres casi una niña y es la primera vez que alguien tan joven me pide que firme en su sujetador. ¿Sabe tu madre que estás aquí diciéndole a un desconocido que te firme en el sujetador?“.
“A mi madre no le importa. Además, cumplo 18 años el mes que viene, ¿verdad que sí, Lucía?”, dijo Carla girándose hacia Lucía, guiñándole un ojo.
“Eh… sí, claro. Cumple 18 años el doce de diciembre”, contestó Lucía. “Por cierto, ¿te podemos pedir un favor? Es que no tenemos entradas para el concierto y nos gustaría ir a verte. ¿Nos puedes dar alguna entrada VIP?”
“Siempre estoy encantado de poder dedicar los discos que traen mis fans, pero hoy no tengo entradas VIP. Aún así, tengo una idea. ¿Os gustaría ser mis ayudantes de backstage por un día? Las chicas que habitualmente me preparan el camerino están en Galicia, enfermas por culpa de una gastroenteritis. Si venís conmigo y preparáis mi camerino, podéis ver cómo se desarrolla un concierto entre bambalinas y después del concierto, os invito a cenar junto a todo el equipo. ¿Qué decís?”, preguntó Chus Fado mientras firmaba en el sujetador de Carla, ante la incredulidad de las jóvenes.
“¿No es una broma, verdad? ¡Aceptamos encantadas!”, gritó Carla. “De acuerdo. Te lo agradecemos, Lukas”, dijo Lucía.
“Vamos a trabajar juntos. Llamadme Chus, por favor”, expuso el rapero. “Debéis estar a las 8:30 en la entrada del recinto ferial para comenzar con los preparativos. Diré a mi agente que os espere en la puerta y os ayude en todo lo que pueda, ¿de acuerdo?”.
“Perfecto, Luk… Chus. Allí estaremos. ¡Hasta luego!”, se despidieron al unísono las dos chicas, tremendamente ilusionadas, mientras salían de la habitación y volvían a casa para prepararse para el concierto.
Tal y como había dicho Chus Fado, un hombre alto, de complexión fuerte y mirada intensa estaba esperando a las 2 chicas, con la espalda apoyada en la puerta del recinto.
“Perdona, ¿eres el agente de Lukas? Somos Clara y Lucía. Venimos a preparar el camerino”, dijo Lucía con voz enérgica.
“Sí. Soy su agente y me llamo Manu. Bienvenidas al equipo. Venid conmigo para que os explique qué debéis hacer, ¿de acuerdo?”, respondió el hombre, despegando su espalda de la pared.
“Vamos allá”, respondió Clara.
Habían recorrido 200 metros del pasillo que conducía hasta el camerino del rapero, pero les había parecido casi como una eternidad. Al fin, una estrella con la leyenda “Lukas” les indicó que se encontraban frente a su lugar de trabajo.
“Aquí es. Pasad”, dijo Manu. “Debéis acondicionar la sala para que Lukas se sienta lo más cómodo posible. Aquí, en este baúl, tenéis todo lo necesario. Lukas me ha pedido que os diga que le esperéis dentro del camerino cuando acabéis. Creo que os olvidasteis unos discos en su habitación y quiere devolvéroslos personalmente antes de salir al escenario”.
“¿Eso de ahí es sangre?”, preguntó tímidamente Clara mientras señalaba con su dedo índice unas manchas rojas en el lateral del baúl del que Manu les había hablado.
“No creo. Me parece que es pintura vieja. Si tenéis algún problema aún podéis iros a casa”, inquirió el agente arqueando la ceja izquierda. “Hay decenas de chicas que pagarían por estar donde estáis vosotras ahora mismo”.
“No, no. Era solamente curiosidad. Estamos encantadas. Dile a Lukas que aquí le esperaremos cuando finalicemos”.
Faltaban apenas 40 minutos para el inicio del concierto cuando Chus Fado apareció en el recinto ferial donde se celebraba el evento. Tras firmar unos autógrafos a una decena de fans que le esperaban a la puerta de su camerino, cruzó el umbral de la puerta y cerró disimuladamente el cerrojo. En el interior, las dos chicas esperaban pacientemente.
“Olvidasteis vuestros discos en el hotel. Os agradezco infinitamente que estéis aquí… no os imagináis cuanto. Hasta que aparecisteis en mi habitación, creía que tendría que salir al escenario con las manos limpias”, dijo el rapero mientras servía un vaso de agua a cada una de las chicas, instándolas a beber para no deshidratarse por el trabajo realizado.
“¿Qué quieres decir con las manos limpias, Chus?”, preguntó pausadamente Lucía, bebiendo un trago largo de agua. “Sí, ¿qué quieres decir?”, acompañó Carla, bebiéndose el vaso de agua de un solo sorbo.
“Quiero decir que antes de aparecer vosotras, debería salir a cantar sin haber matado a nadie. Ahora, con vosotras aquí y a punto de quedar inmovilizadas por el líquido paralizante que habéis bebido, podré salir al escenario con las manos untadas de sangre… de vuestra sangre”, respondió Lukas.
“¿Qué dices? ¿Nos has envenenado? ¿Por qué lo has hecho? Quiero irme a casa. Déjame salir de aquí, Chus”, rogó Carla acercándose hacia la puerta con dificultad, seguramente a causa del líquido paralizante.
“La puerta está cerrada, esta habitación está insonorizada y, por si acaso, he dado orden a Manu de que no haya nadie a menos de 500 metros de aquí porque me apetece estar a solas con vosotras, así que no gritéis y relajaros, chicas, porque esto es lo que va a pasar.
Habéis ingerido una pequeña dosis de paralizante, que si bien no os matará, os dejará totalmente a mi merced. Una vez que os haga efecto, os voy a atar a esta mesa, os depilaré integralmente y a continuación, os despellejaré vivas a las dos. Comenzaré rasurándoos la cabeza por completo. Después, he preparado un aparato especial para arrancaros hasta el último pelo de la nariz, lo que os resultará bastante doloroso. Os depilaré las pestañas y las cejas, las axilas y seguiré así hasta que no os quede ni un solo pelo en vuestros jóvenes cuerpos. Odio el vello en una mujer.
Seguidamente cogeré a Tomy. Ah, ¿Que no sabéis quién es Tomy? No sufráis, lo conoceréis en unos instantes. Tomy es este cuchillo afilado al que tengo tanto cariño porque me ha acompañado desde el primer asesinato. Tomy comenzará quitándoos la piel de abajo a arriba. Primero, los pies y después, irá ascendiendo, poco a poco, por las piernas, la espalda y los brazos hasta llegar a vuestros bellos rostros. Después, guardaré vuestra piel en esas bolsas que tan amablemente habéis puesto en mi armario y arrojaré vuestros cuerpos cuidadosamente al baúl que tenéis ahí enfrente.
Cuando vuelva a Galicia, donaré de forma anónima vuestros cuerpos y los de las otras ocho chicas, (a las que he asesinado a lo largo de esta semana) a la Facultad de Medicina de la Universidad de A Coruña, para que podáis decir a los otros muertos que habéis ido a la universidad, aunque sea post-mortem. Siempre he sido un defensor a ultranza del derecho que tenemos los jóvenes a acceder a la educación y yo no soy nadie para privaros de ese derecho. Estad felices, porque voy a donar vuestros cuerpos a la Ciencia“, concluyó Chus Fado.
“¡Estás loco! ¡Socorrooooooooo!”, chillaban las dos chicas, cada vez con menos fuerzas a causa del paralizante. “Por favor, suéltanos. ¿Por qué lo haces?”.
“¿Por qué lo hago? Soy millonario y los conciertos me aburren mucho. Y por desgracia para vosotras, sólo venzo el aburrimiento untándome las manos con sangre de fans. Sois afortunadas, chicas, porque no todo el mundo puede morir a manos de su ídolo, como vais a hacer vosotras ahora mismo. Vuestra amiga Isa se va a morir de envidia”, susurró suavemente Chus Fado en el oído de Carla.
“Y ahora callaos y disponeos a morir. Esta conversación se ha acabado porque la regla número 7 de mi maestro, UN PSICÓPATA NUNCA EMPATIZA CON SUS VÍCTIMAS, debe cumplirse y si sigo hablando con vosotras, os cogeré cariño y ahora mismo lo único que me interesa es recordaros como simples trofeos de caza. Nos vemos en otra vida. Hacedme el favor de darle recuerdos a mi hermana Carla si la veis, que fue la primera piel de mi colección, aunque creo que vuestra piel es de mejor calidad. Sí, creo que quizá me haga una alfombra con vosotras”.

0 comentarios:
Publicar un comentario