Bienvenido

CAPÍTULO 10: CSI PSICÓPATA

domingo, 23 de noviembre de 2008

“Deja de intentar ligar con Laura y sienta tu gordo culo de una vez, Marco. He estado pensando estos días en cómo Tony el Cachas escuchaba las Valkyries de Wagner durante sus actuaciones y me ha dado una idea. Si lo pensáis bien, en el momento de acabar con la vida de nuestras víctimas, todos pensamos en una canción en concreto. Podría decirse que es la canción con la que dejamos salir a nuestro psicópata interior.

Por eso, para facilitar que vuestros psicópatas interiores salgan y aprovechen al máximo nuestras clases, quiero que la semana que viene cada uno de vosotros traiga la canción en formato mp3 con la que se sienta identificado a la hora de matar. Después, las juntaré todas y conformaré el primer disco de música para psicópatas de la Historia”, comenzó a decir el profesor, haciendo un inciso para tomar agua. “Para abrir boca, hoy os pondré la canción en la que pienso últimamente antes de acabar con alguien: “VICIOUS TRADITIONS”, de “THE VEILS”.

“Está bien. Vamos a empezar. La clase de hoy girará en torno a la regla número 8 del manual del perfecto asesino: UNOS GUANTES SON LOS MEJORES AMIGOS DE UN PSICÓPATA.

Hasta ahora hemos visto, entre otras cosas, que un psicópata nunca se ríe, no tiene conciencia, nunca se pone nervioso, es cruel y aprende de la Historia, además de que no se debe creer en su palabra bajo ningún concepto y de que la empatía no es su fuerte, ni mucho menos.

Seguramente, alguna vez os habréis preguntado de dónde me he sacado estas reglas que os voy desgranando semana a semana e incluso sé que alguno piensa que lo he recopilado de Internet, pero nada más lejos de la realidad. La verdad es que hace unos 15 años, en mi afán por mejorar mis técnicas psicópatas, conseguí un puesto en la recién creada policía científica de Madrid y es así como os conocí a vosotros”, dijo Ariel Mendoza.

“¿Cómo que nos conociste mientras trabajabas en la policía científica? ¿Qué quieres decir? ¿Eres un madero y quieres encarcelarnos?”, preguntó Morcillo con interés pero cauteloso.

“¿No os habéis preguntado cómo conseguí dar con vosotros? ¿No os habéis parado a pensar por qué ninguno de los que estáis aquí conocía la existencia de esta escuela? Fui yo quien decidió reclutaros para este Máster a todos y cada uno de vosotros al descubriros fácilmente tras investigar vuestros asesinatos. No olvidéis que como os he dicho, trabajo en la policía científica”, replicó Mendoza.

“Pues no lo entiendo. Si nos descubriste y eres policía, ¿Cómo es que no nos han detenido a ninguno ni nunca han sospechado de nosotros?”, volvió a preguntar el inquieto campesino aficionado a su picadora industrial.

“Nunca os han detenido porque nunca os he delatado. No os podéis imaginar el poder que tiene un CSI en las investigaciones criminales en España. Nadie te hace preguntas y tu palabra nunca es puesta en duda, digas lo que digas. Si digo que ninguno de vosotros sois sospechosos de asesinato, para la policía no lo sois y desaparecéis de todas las investigaciones oficiales. Lo que ocurre es que, como ya os expliqué hace unas semanas, he visto el mal en vosotros y por ello, pretendo haceros mis herederos, pulir vuestros errores de principiante hasta que os considere dignos de mi legado”, respondió de nuevo el profesor.

“¡Qué fuerte! ¡Eres poli! ¿Cómo quieres que ahora confiemos en ti? ¿Crees que esto es el Show de Truman? Ni tú eres el arquitecto que controla nuestras vidas ni nosotros somos Jim Carrey. Vámonos de aquí, chicos, que este tío es un farsante”, comentó en voz alta y con bastante enfado el hasta ahora semi-desconocido Borchi.

“Háblame con más respeto, Borchi, que podría ser el tatarabuelo de tu tatarabuelo. El que quiera, es libre de levantarse e irse por esa puerta. Pero en el momento en el que intente salir, os informo que hay tres opciones: quizá pueda abandonar el Máster sin ningún problema, quizá le atraviese el corazón con mi katana y lo dé de comer a los gatos de esta calle o quizá cambie de opinión respecto a algún crimen que haya cometido y del que me hice el loco y miré para otro lado. Si hago esto, en 5 minutos tendrá a toda la policía de Madrid detrás de él y tendrá que cambiar su residencia habitual por Alcalá Meco. Vamos, valientes, vosotros decidís. Aquí los motines se resuelven así. Tenéis 10 segundos para dar un paso al frente”, dijo con voz pausada Ariel Mendoza.

“Yo no te creo, Mendoza. Me has decepcionado. Seguidme, chicos. Salgamos de aquí que este hombre está loco”, volvió a criticar Borchi ante la atenta mirada del vetusto profesor.

“Cállate, Borchi. Sabemos de lo que es capaz Ariel. Todos lo hemos visto y ninguno de nosotros está tan loco como para intentar salir de aquí. Además, que sea policía científico nos puede ayudar a conocer mejor la forma de pensar de la policía y adelantarnos a sus movimientos”, explicó Laura Luengo, poniendo bastante cordura a la situación.

“Es cierto. Para mí, nada ha cambiado. Sigo queriendo mejorar mis aptitudes personales para el crimen. Quiero especializarme en el oficio y que mi nombre sea sinónimo de terror para mis víctimas. Y para ello, te necesito, Ariel”, comentó la sensual Claudia Dimaggio.

“Yo no me voy de aquí”, dijo enérgicamente Said Asecas. “Estamos con Said. Nosotros también nos quedamos”, secundaron inmediatamente Chus Fado, Morcillo, Marco Ramírez y el sádico Tony el Cachas.

“Ya está bien de tantas tonterías. ¿Quién te ha dado permiso para hablar en nombre del grupo, jodida mascota?”, interrumpió Rodrigo, dirigiendo una mirada de ira hacia Borchi. “Todos los que estamos aquí queremos aprender y necesitamos un líder al que seguir. Y según creo, Ariel Mendoza tiene la experiencia necesaria para darnos las claves del oficio. Ariel, si me das permiso, acabo yo mismo con Borchi para que podamos seguir con la clase”.

“No hará falta. Muchas gracias, Borchi. Veo que además de cómo psicópata, podrías ganarte la vida como actor”, comentó risueño Mendoza ante las carcajadas de Borchi.

“¿Que podría ganarse la vida como actor? ¿Esto es una broma?”, cuestionó nuevamente Morcillo, mostrando un rostro de incredulidad mientras miraba a su pequeño compañero.

 “Esta mañana, antes de entrar a clase, he tenido una fructífera conversación con vuestro compañero Borchi. Le he contado que me infiltré en la policía científica para conocer gente como vosotros y le he pedido que hiciera de abogado del diablo, es decir, que pusiera en duda todo lo que yo dijera, para comprobar hasta qué punto alcanza vuestra fidelidad a mí. Y me alegra comprobar que habéis aprendido la lección y que vuestro ex-compañero Javi Altorreal no murió en vano”, replicó Ariel Mendoza. “Ahora, podemos continuar con la clase de hoy. Ahora voy a explicaros por qué UNOS GUANTES SON LOS MEJORES AMIGOS DE UN PSICÓPATA”.

“He seguido con interés vuestras carreras delictivas y creedme si os digo que todos vosotros cometisteis, en vuestros inicios, el error de dejar al descubierto algún tipo de huella dactilar, las mismas por las que os he ido identificando. Hace ya unos siete años, comencé con el casting al localizar las huellas de Morcillo en su picadora industrial y hasta que hace unos meses descubrí en un camerino que Chus Fado no era un rapero normal, no di por cerrada mi selección. Durante este tiempo, he visto vuestras huellas demasiadas veces expuestas a la vista de quien las hubiera querido ver y tenéis suerte de que yo no quisiera verlas”, continuó Mendoza.

“Últimamente, he visto con satisfacción como algunos de vosotros habéis ido puliendo ese defecto y habéis dejado cada vez huellas más imperceptibles. De hecho, tengo sobre mi mesa dos casos en los que las pruebas que he obtenido no me permitirían, científicamente, dar el nombre del asesino con total seguridad, pese a que por mi experiencia supe quién lo hizo al descubrir su modus operandi.

Tengo sobre mi mesa dos asesinatos que alguien cometió con tal destreza que lo único que pude descubrir fueron, para mi propio asombro, una huella parcial en un Tupperware que contenía una mano y que apareció en la casa de un famoso presentador de televisión y pequeños restos de otra huella en una cinta adhesiva de una habitación de un hostal. Si no hubiera seguido la carrera psicópata de Laura Luengo (que es la culpable del asesinato del Tupperware) y de Dimaggio (responsable del segundo crimen), no tendría ningún indicio para acusarlas de nada y eso es gracias a que en sus últimos crímenes tuvieron la previsión de usar guantes.

Así que debo felicitaros, chicas. Descubristeis por vosotras mismas la importancia de ser imperceptible, aunque eso sí, debéis ser aún más cuidadosas a la hora de perpetrar vuestros futuros homicidios, porque nunca se sabe cuándo la policía está mirando”, finalizó el profesor, con la satisfacción propia de quien constata que su utopía de Máster de psicópatas iba por el buen camino, metafórica y siniestramente hablando”.

0 comentarios: