Bienvenido

CAPÍTULO 2: SÉ PUNTUAL

viernes, 26 de septiembre de 2008

“Sed bienvenidos al primer Máster sobre Técnicas Psicópatas de España. Me llamo Ariel Mendoza y soy el coordinador de este curso, además del fundador de esta escuela. Hoy habéis dado un primer paso que cambiará el futuro de vuestras vidas y las de los que os rodean. Aunque, para ser sinceros, sólo cambiarán las vidas de los que queden después de que vuestra imaginación idee cómo acabar con sus existencias”.

“Jejejeje. Lo vamos a pasar bien con este tío”, dijo una sigilosa voz al fondo del salón.

“Silencio. Regla número 1: Un psicópata NUNCA se ríe. No tiene tiempo para ello. ¿Sabéis la cantidad de personas que están ahí fuera, desprestigiando con sus errores y viles actos, nuestra profesión, la profesión más antigua del mundo? Dejándose atrapar, matando por dinero, asesinando al azar. Sé que alguno piensa que la profesión más antigua es la de prostitutas, pero nuestro oficio data de mucho más atrás. De Adán y Eva, de Caín y Abel. Caín es nuestro maestro y sobre él, construiremos nuestro futuro.

Empecemos con la presentación del curso. Lo obvio, que no por ello menos importante. Es vital controlar todo a nuestro alrededor. Y es obvio que al entrar, habréis descubierto que hay 11 sillas y solamente habéis entrado en clase 10 alumnos. Os informo que el Máster consta de 5 asignaturas más el PFCP (Proyecto Final de Crimen Perfecto) y que debéis aprobar todas y cada una de ellas para poder licenciaros con honor.

En los próximos días, conforme vaya conociendo vuestras aptitudes para cometer el crimen perfecto, os separaré en 2 bandos: el Bando Metódico y el Bando Creativo y comenzaréis a trabajar en grupo, compitiendo con el bando rival con el objetivo de imponerse en cada uno de los ejercicios que os propondré en clase. Recordad que en el amor y en la guerra todo vale. Pasemos lista. Id levantando la mano derecha y diciendo presente.

¿Rodrigo Suárez? - ¡Presente!

¿Morcillo? - ¡Presente!

¿Marco Ramírez? - ¡Presente!

¿Javi Altorreal? - ¡Presente!

¿Martillo? ¿Martillo? A ver, ¿quién le ha cortado la mano derecha y le ha arrancado la lengua a Martillo?

¿Said Asecas? - ¡Presente!

¿Laura Luengo? - ¡Presente!

¿Chus Fado? - ¡Presente!

¿Tony el Cachas? - ¡Presente!

¿Dimaggio? - ¡Presente!

¿Borchi? - ¡Presente!


Falta un minuto para las siete y media de la tarde. Y ya se sabe que uno de los compañeros de viaje más importante de un psicópata es la puntualidad. Sois todos conscientes de que si no se cumplen los horarios, si no se tiene todo bajo control, algo puede fallar y ese verbo, FALLAR, además de odiarlo, es algo prohibido en el lenguaje de un buen asesino. ¿Alguien sabe dónde está Martillo?”.

“Tenía un trabajo que terminar. Ahora llega”, dijo una voz femenina, seguramente la de Laura Luengo.

“Vamos a ver, Marco, según leo aquí en tu informe, eres madrileño, de Parla más concretamente y vives solo con tu madre en un piso. ¿Por qué te has apuntado a este curso? ¿Cómo te consideras? ¿Cuál es tu método preferido de matar? Cuéntanos algo más sobre ti”

“¿Qué cómo me considero? Pues soy un psicópata, como todos los que estamos en esta escuela. Estoy loco y vengo a aprender del mejor. Y respecto a mi forma preferida de matar, siempre he pensado que la desmembración es la forma más dolorosa de morir, por lo que me decanto siempre por esa”.

“Muy bien. ¿Y tú, Morcillo? ¿Cómo matas?”

“Pues yo, como soy un campesino que vive en un pueblo perdido a 50 kilómetros de la capital, soy bastante tradicional. Me considero el último romántico del crimen. Empecé robando cerdos y gallinas a mis vecinos y actualmente, los secuestro, los dejo caer desde 4 metros de altura a una picadora de carne de tamaño industrial y los doy de comer a mis animales. Es la mejor manera de eliminar pruebas”.

“De acuerd… ¿Qué pas…?”

“Lo siento, llego tarde, soy Martillo. Tenía cosas que hacer. Me entretuve con una chic...”

En ese mismo instante, Ariel Mendoza, con un rápido movimiento, sacó de su cinto su amada katana japonesa y la lanzó hacia la yugular de Martillo con tal violencia que su cabeza acabó rebotando varias veces en el suelo hasta llegar junto a Said Asecas, en la quinta fila de sillas.

“Os presento al alumno número 11. Llega tarde y ya sabéis lo que pienso de la puntualidad, aunque me ha prometido que no lo volverá a hacer. Creo que nadie más llegará tarde, ¿verdad?”.

CAPÍTULO 1: ANÓNIMO

jueves, 25 de septiembre de 2008

Hola a todos. Hoy es la primera vez que hablo delante de vosotros. Durante los últimos 3 meses he estado escondido en las últimas filas de esta habitación escuchando, pero en este momento he decidido que me escuchéis a mí. Me llamo Marco Ramírez…

- Hola Marco -, responden al unísono todos los asistentes a la reunión.

Decía que me llamo Marco Ramírez y… y soy psicópata. Lo diré una sola vez: no me gusta que me interrumpan.

Ya sé que no está bien visto, que los psicópatas no tenemos buena fama, pero no me juzguéis a mí porque yo no me meto con vuestras adicciones. ¿Acaso me entrometo yo en que nuestra amiga “Luna de Abril” sea adicta al crack desde hace 5 años? ¿O que el dicharachero “Toni Laiker” pase más tiempo con prostitutas asiáticas que con su mujer y sus cuatro hijos? ¿O que “Luís Skywalker” haya acabado con todos los gatos de su vecindario y se los haya dado de comer a su suegra como si fueran asado de pollo? Miraros bien. ¡Si sois unos cobardes que no os atrevéis ni a confesar vuestros verdaderos nombres! No pido que me comprendáis, ni que os apiadéis de mi alma… yo me llamo Marco Ramírez y sólo pido una cosa: silencio.

Para el que le interese, voy a hablar de un tipo diferente desde pequeño. Seguramente, sería el antihéroe de cualquier guión escrito por algún novato, algún guionista de películas de serie b, probablemente recién salido de su academia con un aprobado por los pelos.

Con apenas una docena de años en su haber, el chico ya había sido expulsado de tres colegios de primaria por motivos muy diversos: empujar a un compañero por las escaleras, lanzar todas las mochilas de sus amigos por las ventanas en reiteradas ocasiones o irrumpir, totalmente desnudo, en el baño de las niñas y destrozar los váteres con un martillo que, previamente, había robado del taller de Tecnología con tal vehemencia que, incluso sus profesores, vieron peligrar su integridad física si osaban interponerse en su camino.

Pero no había porqué dramatizar. Al menos eso era lo que repetían una y otra vez Marta y Carlos Mendoza, sus padres. No era más que un niño pidiendo más atención de la gente de su entorno. Nada más. Tenía doce años y eso, como todos saben, son cosas de niños. Lo habían visto un millón de veces en las noticias.

¿Cómo un ser tan joven podía albergar en su interior tanta maldad, tanto odio y tan poco respeto hacia los demás?, se preguntaban en cada reunión sus profesores. ¡Si apenas levantaba un palmo del suelo!

Aparentemente y según la opinión de los psicólogos que lo habían tratado, Ariel cumplía con el estereotipo del niño que se cría en el seno de una familia acomodada: ropa nueva, zapatillas de deporte a la última y una cara de no haber roto un plato en su vida que nunca podría hacer sospechar a nadie de su oscuro interior.

Es por esto por lo que sin duda, ese guionista creería que Ariel acabaría con sus huesos en un reformatorio hasta que alcanzara la mayoría de edad. Después, probablemente, la policía lo acabaría atrapando mientras asaltaba una gasolinera. Entraría en la cárcel acusado de atraco a mano armada y con una condena de 15 años de los que sólo cumpliría los dos primeros, ya que moriría en una reyerta interna entre presos.

Lástima que la mediocridad de ese novato le habría impedido conocer su misión en la vida. Su verdadera historia. Pero no hablemos más de él. Ese guionista está muerto.

- ¿Cómo que muerto? ¿Has matado a un guionista? -, preguntó Luís Skywalker.

Me has interrumpido pero me caes bien. Pero no vuelvas a tentar de nuevo tu suerte. La próxima vez te cortaré las manos y las clavaré en la puerta de esta sala, como hacían en el Imperio Romano, para que nadie vuelva a cometer tu mismo error. Ahora, cállate si no quieres que cumpla mi amenaza.

He dicho que está muerto y lo sé porque yo he acabado con su vida esta mañana, mientras lloraba como una nena y rogaba por su vida. Qué penoso. ¿Dónde ha quedado la dignidad del Hombre? Tuve que cortarle la lengua, era necesario. No se callaba y el pequeño Chiqui, mi gato, tenía hambre.