Bienvenido

CAPÍTULO 4: GÉNESIS PSICÓPATA

viernes, 10 de octubre de 2008

“Bienvenidos, chicos. Hoy tenemos clase de Génesis Psicópata. Comencemos por Javi. Si tú mismo tuvieras que situarte en uno de los dos bandos, ¿en cuál lo harías? ¿Metódico o creativo?”, le comentó Mendoza a Javi Altorreal, del que estaba separado apenas por medio metro de distancia.

“Umm… bueno, yo me considero un homicida creativo, pero siempre siguiendo mis propios códigos, lo que tú llamas el método. Invariablemente, busco a mis víctimas en las timbas ilegales que organizo la noche de los jueves en mi chalet. No me gusta perder, pero os aseguro que les gusta mucho menos a los que osan ganarme una partida de póker, porque les sigo a sus casas y tras dejarles un teléfono móvil en sus coches, espero agazapado en el asiento trasero hasta que salen por la mañana para ir a trabajar.

Entonces, cuando entran en sus vehículos, comienza a sonar el teléfono que les dejo en el asiento del copiloto. Al contestar al teléfono, les he preparado una grabación telefónica en la que siempre digo lo mismo: “Escúchame bien y no hables. En dos minutos estarás muerto. Es inevitable. No grites. No intentes llamar a la policía. Y ni se te ocurra colgar el teléfono. No me gusta que me dejen hablando sólo. Te doy la opción de que me transmitas tu última voluntad para que se la comunique a tu mujer. No quiero que pienses que soy un asesino insensible. Soy un Vizconde”, dijo Javi Altorreal.

“¿Y cómo los matas?”, preguntó intrigado Rodrigo Suárez.

“La gente es muy poco obediente. Siempre cuelgan el teléfono e intentan avisar a la policía. En el momento en el que marcan el 112, les inyecto una dosis de ácido sulfúrico en la vena aorta. Es un método que he ido perfeccionando a lo largo de los años y, tras hacer muchas pruebas, he conseguido que mueran exactamente a los dos minutos de mi llamada”, respondió Altorreal.

“Bien Javi, creo que te incluiré en el Bando Metódico, ya que tienes una serie de códigos muy consolidados y en mi opinión, más que creativo, eres metódico. La opción de la jeringuilla es más que antigua. La usan muchos yonkis de las barranquillas, aunque sí debo felicitarte por el uso del ácido sulfúrico en la aorta. Hubo un tiempo en el que yo mismo practiqué con todo tipo de ácidos corrosivos, pero descubrí que resultaba demasiado fácil. No tenía emoción y en la búsqueda del límite criminal del Ser Humano, no me permitía avanzar. Me estancaba. Creo que en lo que respecta a tu caso, cometes varios errores típicos de los asesinos novatos, pero para eso estás aquí, para dejar de cometerlos y aprender la manera de conseguir el crimen perfecto”, dijo Ariel Mendoza.

“¿Y qué hay de las últimas voluntades de tus víctimas, Javi? ¿Te asegurabas de que se cumplieran o lo hacías solamente como una forma de aumentar sus traumas psicológicos?”, preguntó Laura Luengo.

“Ya he dicho que la gente es poco obediente cuando presiente que puede morir. Excepto en una única ocasión. Aquel día, un hombre me escuchó y me pidió que no matara a su familia, que le dijera a su mujer que la quería mucho y que sentía no haber podido ver crecer a su hijo de tres años. Le aseguré que lo haría, de hecho le di mi palabra, pero le dije que no pensara que se me ablandaría el corazón por lo que me había contado, porque su hora había llegado. Él asintió con la cabeza y aceptó su muerte. Inmediatamente, salí del coche, llamé por teléfono a su mujer y le expliqué que su marido estaba muerto, pero que antes de fallecer me dijo que la quería mucho y que sentía no poder ver crecer a su hijo. Ella al principio no entendió nada, creyó ser víctima de una cruel broma telefónica, pero cuando le dije que saliera a la calle y mirara en el interior del coche de su marido, se arrodilló bajo la lluvia y comenzó a llorar como una magdalena”.

“Escuchadme bien, chicos. Hoy vamos a aprender otra lección gracias a la imprudencia de vuestro compañero Javi”, comenzó a decir Ariel Mendoza. “Regla número dos del manual y fundamental en la Génesis de un psicópata: ¡UN PSICÓPATA NO TIENE CONCIENCIA! No debéis intentar apaciguar esa voz interior que en ocasiones aún os habla después de cometer un crimen. Sois psicópatas, no Hermanitas de la Caridad. Si decidís matar a alguien, lo hacéis con todas las consecuencias. No intentéis salvaros del infierno cometiendo una buena acción con los familiares del cadáver, entre otras razones porque ya tenéis un hueco reservado a la derecha de Satanás. No le debéis nada a la víctima. Le habéis robado la vida, pero sois psicópatas. Nadie espera otra cosa de vosotros”.

“Pero yo doy mi palabra a mis víctimas. Y la palabra de un hombre se cumple siempre”, argumentó Javi Altorreal.

“Cuando estás trabajando, tú no eres un hombre. Eres un profesional y lo único que debe tener un profesional de la muerte es sangre fría, no escrúpulos. Me da igual si eres Vizconde, Marqués, Duque de Alba o un simple panadero, pero si tienes el valor de acabar con la vida de un hombre, lo único que le debes a ese tipo es la obligación de que no te atrapen, porque si no, su muerte no habría valido para nada”, respondió Mendoza.

“¿No merece la familia, si el interesado lo requiere, conocer sus últimos deseos, pensamientos y esperanzas? Podemos acabar con su vida, pero en muchas ocasiones deja familias sin protección y necesitan conocer el porqué de los acontecimientos”, replicó Chus Fado.

“¿Sabéis qué? Estoy empezando a pensar que no sois realmente unos psicópatas. Creo que sois los típicos niños pijos criados entre algodones que como terapia anti-aburrimiento, han decidido matar a gente con pretextos que se sustentan con alfileres. ¿Tenéis realmente escrúpulos? ¿Creéis en los valores morales? ¿Sois simples matones de barrio? ¿Creéis que este Máster es una terapia para calmar vuestra conciencia o lo que es peor, tenéis conciencia? Si es así, os doy la oportunidad de que os levantéis y salgáis por esa puerta. Os aseguro que será la última vez que os dé esa opción. Si os vais, os prometo que no me enfadaré. Si os quedáis, entenderé que queréis aprender y que lleváis el oficio en la sangre”, dijo Ariel Mendoza.

“Entonces, yo me voy. Creo que un psicópata sí puede tener palabra y de hecho, debe cumplirla. Ha sido un placer”, dijo Javi Altorreal mientras se levantaba.

Al dirigirse hacia la puerta, Ariel Mendoza sacó de su cinto de nuevo la katana que utilizó con Martillo días atrás y, sin mediar palabra, la lanzó directamente a la altura de la aorta de Javi Altorreal, acabando con su vida en ese mismo instante.

“¿Por qué le has matado? Le habías prometido que no pasaría nada”, dijo Morcillo.

“Lección número tres: NUNCA CREÁIS EN LA PALABRA DE UN PSICÓPATA”, finalizó Ariel Mendoza. “Hasta mañana a la misma hora. Sed puntuales. Recordad la primera lección”.

1 comentarios:

Mariajo Moreno dijo...

ufff, estoy sin palabras. No se si voy a poder continuar con estas lecturas, son realmente aterradoras. Tan reales que me hacen pensar demasiado. Vas a reunirlas todas en un libro, ¿verdad? Yo de ti lo pensaría. JK Rouling se va a quedar atrás...