“Sentimos el retraso, compañeros. Nos hemos entretenido con una vieja amiga”, dijo Rodrigo Suárez mientras entraba con una gran sonrisa a la habitación 22 del Hostal Nápoles, justo detrás de Dimaggio.
“No os preocupéis, chicos. Mientras llegabais, nosotros hemos estado hablando sobre qué deberíamos hacer para llevar a cabo la misión de la forma más rápida y limpia posible, pero no hemos tomado ninguna decisión importante al respecto”, comentó Borchi, proyectando un gesto cómplice hacia Chus Fado y Laura Luengo.
“De acuerdo. ¿Por dónde empezamos?”, insistió Rodrigo a la vez que Dimaggio dejaba su material quirúrgico sobre el lavabo, dentro del cuarto de baño, para limpiarlo cuando acabara la reunión.
“Normalmente, empezar por el principio suele estar bien”, respondió en tono jocoso Laura Luengo. “En mi opinión, debemos crear una lista de prioridades y repartirnos el trabajo para ser más eficientes, como hacía yo en mi quirófano antes de… bueno, ya sabéis”.
“No debe ser tan difícil secuestrar a un psicólogo, ¿no creéis?”, interrumpió Chus Fado. “Yo lo veo bastante claro: lo asaltamos en el partido de baloncesto de este viernes y mientras unos entretienen al resto de jugadores, otros lo secuestran e introducen en la furgoneta negra que Borchi alquilará esta tarde y lo llevan al refugio”.
“¿Eso es todo lo que se te ocurre, rapero? Vamos, ¡que somos los creativos! Algo más se podrá hacer, ¿no?”, gritó Dimaggio esta vez desde su arcaica pseudo-cocina, en la que se había metido para tomarse un refresco. “Yo creo que debemos crear una verdadera obra de arte psicópata”.
“Vamos a ver. ¿Qué sabemos del loquero éste? Es un varón español blanco, 37 años, 1,93 cm. de altura y 97 kilos de peso, casado y padre de una niña de seis años. Además, trabaja como coordinador de un grupo de ayuda recién creado por el Ministerio de Justicia y dependiente de Administraciones Penitenciarias”, leyó Laura Luengo.
“Y juega al baloncesto con sus amigos cada viernes a las 20.30 horas en un pabellón deportivo de la Universidad Carlos III”.
“Por lo que sabemos, es el típico padre de familia responsable y a mí, eso sólo me incita a hacerle sufrir. Odio los finales felices”, comentó con cara de tremendo enfado el abogado, Rodrigo Suárez.
“¡Se me acaba de ocurrir una propuesta que nos hará divertirnos mucho más!”, exclamó Chus Fado con rostro ilusionante.
“¿A qué te refieres? Habla Lukas”, continuó Borchi.
“Todos los que estamos en esta habitación sabemos que esta misión es demasiado fácil y monótona. Ir al partido de baloncesto, secuestrar y conducir al refugio sin levantar sospechas. ¿Y si lo hacemos más interesante y dejamos salir a nuestro psicópata interior?”, confesó Chus Fado. “Estoy pensando en hacer un homenaje a nuestro ex-compañero Javi Altorreal, incluyendo en la operación a su familia”.
“¿Quieres matar a una niña de seis años y la mujer del psicólogo? Eso no entra dentro de los planes que nos entregó Ariel Mendoza”, recriminó Laura Luengo con cara de pocos amigos.
“¿Qué pasa, cirujana? ¿Puedes descuartizar a compradoras de Tupperware pero tienes miedo de matar a una niña porque no lo dice tu jefecito?”, dijo de nuevo Chus Fado, mirando desafiante a una sorprendida Laura Luengo. “Lo único que tenemos totalmente prohibido es matar a Carlos Martí antes de llevarlo junto al profesor, pero nadie dijo nada sobre hacerlo sufrir”.
“¿Qué propones exactamente?”, preguntó Dimaggio, ajustándose un sensual top rojo con lunares que se compró días atrás en una tienda del centro de Madrid. “Sea lo que sea, yo propongo grabarlo en vídeo”.
“Quiero ver la cara del psicólogo mientras le amputamos un pie a su mujer o le cortamos un dedo a su hija. Propongo una guerra psicológica contra el psicólogo para ver hasta dónde llega su fortaleza mental. Acuérdate de que la segunda regla que nos dijo Mendoza fue que un psicópata no tiene conciencia”, finalizó el rapero gallego con satisfacción.
“Y tú acuérdate que un psicópata nunca se ríe y tú no has dejado de hacerlo desde que llegaste aquí. Dejemos las reglas a un lado y hagamos de una vez nuestro trabajo”, respondió Laura Luengo. “¿Qué piensas, Borchi?”.
“Nunca he sido partidario de torturar niños. Lo veo demasiado cruel, incluso para un psicópata. Pero, por otro lado, estoy de acuerdo con torturar a su mujer mientras el psicólogo observa sin poder hacer nada. Hagamos que sienta verdadera desesperación y frustración. Juguemos con él hasta que se derrumbe”, dijo Borchi.
“Creo que todos estamos de acuerdo en implicar a la mujer de Carlos Martí en esto. Lo más fácil será abordarla en su casa mañana por la mañana. Uno de nosotros se puede hacer pasar por el técnico del gas o algo parecido y llevar la misión a cabo. Y ahora, avancemos. ¿Y al psicólogo? ¿Lo secuestramos en la cancha de baloncesto o alguien propone un plan alternativo?”, preguntó Rodrigo.
“Se me ocurre que como él no nos conoce, lo cual supone una gran ventaja para nosotros, veo factible la técnica de la infiltración. ¿Y si Rodrigo aparece en la cancha el viernes de baloncesto, les propone unirse al partido, lo narcotiza y lo secuestra en las duchas y lo saca por la puerta de atrás hasta la furgoneta?”, propuso Borchi.
“¿Y si lo seducimos Laura y yo? Lo esperamos a la salida del partido y hacemos que nos invite a unas copas en el bar que hay enfrente del pabellón, para después sacarlo por la puerta de atrás hasta el callejón. Pensadlo. Con la ropa adecuada, ese tío no será capaz de negarnos cualquier cosa que le pidamos”, comentó Dimaggio, volviendo a reajustarse su top rojo con lunares hasta que su pecho creció dos tallas.
“Yo no sé él, pero conociéndote, yo no te negaría nada… por el bien de mis extremidades”, comentó Borchi. “Si no hay más propuestas, votemos. ¿Quién es partidario de la infiltración de Rodrigo y quién lo es de la técnica de seducción de las chicas?”.
Tras unos segundos de deliberación interna y como resultado de una posterior votación a mano alzada, la opción de Rodrigo fue la iniciativa elegida gracias a los votos del propio Rodrigo, Borchi y Chus Fado frente a los dos votos de Dimaggio y Laura Luengo que, de este modo, perdían la posibilidad de trabajar mano a mano, como les hubiera encantado hacer.
“De acuerdo. Rodrigo, ve preparando el pantalón corto que mañana tienes partido”, expresó jovialmente Chus Fado, guiñando un ojo al abogado.
“Rodrigo se infiltra y lo secuestra. Borchi y yo conseguimos una furgoneta de alquiler y lo esperamos en el callejón junto al bar de enfrente del pabellón y Laura y Dimaggio se encargan de la mujer. Después, traemos a la parejita hasta esta habitación para comenzar a jugar a las diez de la noche. ¿Cómo lo veis bien?”, insistió Chus Fado.
“Perfecto. Si no tenéis inconveniente, Dimaggio y yo podemos utilizar nuestro instrumental para la operación”, propuso Laura Luengo mientras asía de la mano a su amiga Dimaggio.
“Sí, sí. Nosotras cortamos, que es lo que mejor se nos da”, reafirmó la bella mafiosa italiana, tremendamente feliz. “Chus se puede encargar de la piel, Borchi puede comer lo que le apetezca y Rodrigo se encarga de deshacerse de los restos del cuerpo en su club. Trabajo en equipo, chicos”.
“¡Buen plan, Dimaggio!”, felicitó Rodrigo. “Hace demasiado tiempo que la incineradora de mi club necesita acción”. “Y tú, ¿qué piensas, Chus?”.
“Me parece genial. Prepararé todo para el envío de la piel a la Facultad. Seguro que me lo agradecen porque no suelen tener muchas donaciones de este tipo”, explicó con alegría en el rostro el famoso rapero. “Borchi, compañero, ¿te ves con el apetito suficiente?”.
“Desde este momento hasta mañana por la noche, me declaro en huelga de sangre”, finalizó el que fuera una gran mascota profesional, provocando una carcajada colectiva que indicaba que el plan iba por el buen camino.
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