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CAPÍTULO 15: CREATIVOS vs METÓDICOS

miércoles, 28 de enero de 2009

“Ahora que ya nos hemos puesto un poco al día podemos pasar a la segunda fase de vuestro aprendizaje: el Teatro Psicópata. Recordaréis que al principio de este Máster os dije que cuando conociera perfectamente vuestras aptitudes y cualidades personales os dividiría en dos grupos, uno metódico y otro creativo, en los que todos deberéis trabajar en equipo para conquistar los objetivos planteados antes que los del bando rival. Pues bien, ese momento ha llegado y ya he decidido quién conformará cada bando. Pensad que el fin siempre justifica los medios para un psicópata, por lo que os aconsejo que recordéis todos los conceptos que hemos aprendido a lo largo de la primera fase teórica del curso y lo pongáis en práctica para llevaros la victoria. ¿Alguna pregunta antes de empezar?”, dijo Ariel Mendoza mientras abría el sobre que había colocado sobre su mesa. 

“Si no estamos de acuerdo con el grupo que nos ha tocado, ¿Podemos cambiar de grupo?”, preguntó Chus Fado.

“Por supuesto. Si no estáis de acuerdo con mi decisión yo mismo os cambiaré al exclusivo grupo de Martillo y Javi Altorreal. ¿Alguna pregunta menos estúpida que ésta?”, volvió a preguntar el profesor.

“No, ninguna jefe. Tú mandas. Por mi parte puedo asegurarte que haré todo lo posible por compenetrarme con mis compañeros”, expresó Tony el Cachas mientras agarraba fuertemente del culo a una Dimaggio que parecía seguirle el juego.

“Dimaggio, ni se te ocurra. La única regla irrompible de esta fase del Máster es que no podéis matar a vuestros compañeros ni contrincantes. Los ejercicios prácticos deben empezar y acabar con todos los miembros del bando completamente ilesos. En el caso de que alguno de vosotros cayera accidentalmente en manos de la policía y no consiguiera salir en un plazo máximo de tres días, deberá suicidarse en prisión y si no lo hace, yo mismo lo dispondré todo para que su muerte parezca un accidente. Por tanto recordad. Llegados a este punto, podéis vivir o podéis morir, pero un buen psicópata nunca pasa más de tres días entre rejas. ¿Entendido?”, dijo Ariel.

“Perfectamente. Conocemos los riesgos a los que nos exponemos, pero creemos que los beneficios que alcanzaremos con este aprendizaje merecerán la pena. Continúa, maestro”, contestó Rodrigo apresuradamente, deseoso de conocer en qué grupo le había incluido Ariel Mendoza.

“Vamos allá. Tomad nota de los bandos. Borchi, escribe lo que te vaya diciendo en la pizarra, por favor”, comentó Mendoza.

 

BANDO CREATIVO

  1. RODRIGO SUÁREZ
  2. LAURA LUENGO
  3. CHUS FADO
  4. CLAUDIA DIMAGGIO
  5. BORCHI

BANDO METÓDICO

  1. MORCILLO
  2. MARCO RAMÍREZ
  3. SAID ASECAS
  4. TONY EL CACHAS

“¿Por qué nosotros somos sólo cuatro y ellos cinco? Juegan con ventaja… no es justo”, protestó Morcillo.

“Es cierto que son cinco, pero yo no estaría tan seguro de que jueguen con ventaja. No obstante, si no estás conforme, siempre puedes cambiar de grupo. ¿Es lo que quieres, Morcillo?”, le preguntó el profesor cerrando sensiblemente los ojos y lanzándole una mirada desafiante.

“No será necesario. Les venceremos aunque tengan superioridad numérica. Me muero de ganas por empezar a jugar”, contestó Morcillo.

“Ése es el espíritu, Morcillo. Deberéis trabajar muy duramente para conseguir vencer a vuestros contendientes, adelantaros a sus pasos y en muchas ocasiones, poneros en su propia piel para sentir como ellos e ir un movimiento por delante”, comentó Ariel Mendoza, paseando su mirada por todos y cada uno de sus alumnos.

“¿Te puedo hacer una pregunta, maestro?”, dijo Laura Luengo con un tono de voz muy suave, casi como si tuviera miedo de que Ariel Mendoza lo tomara como una insolencia, sacara a pasear su katana japonesa y acabara con ella de un golpe certero.

“Por supuesto, Laura. ¿Qué quieres saber?”, replicó el profesor.

“¿Qué criterios has seguido para colocarnos a cada uno de nosotros en uno u otro bando? Es decir, ¿Por qué me has colocado en el bando creativo? Como ex-cirujana, siempre me he considerado muy metódica en mi trabajo. De hecho, sabes que cuando acabo con la vida de alguien sigo unas reglas que me auto-impuse al principio de mi carrera como psicópata”, apuntó la joven asesina del Tupperware.

“¿Queréis motivos? Pues os daré motivos. Comenzaré por vuestro compañero Morcillo. ¿Por qué metódico? Pues porque tiene una mente privilegiada para el crimen y es capaz de ver con nitidez el futuro y seguir con su plan psicópata, aunque como ya le he comentado, necesita mejorar los pequeños detalles para alcanzar la cima de la profesión. Por su parte, Said tiene odio en su interior, puedo senrtirlo, y pienso que sabrá encauzarlo muy bien hacia sus objetivos. De hecho, sé que de no ser inmortal, yo mismo sería su primera víctima y mis huesos acabarían esparcidos por Marimba como acabaron los de Claudio, su padre adoptivo, y como acabarán los de Filipe Santos, el último hombre vivo que participó en aquella cruenta misión en Angola”.

“Tony el Cachas es un tipo extraño, pero no por ello exento de ingenio psicópata. Simplemente tiene que continuar con sus cruzadas de purificación humana porque cree que Dios se lo exige. Y bueno, Marco Ramírez es mi arma secreta y por eso apenas conocéis unos pequeños datos sobre su vida. Tanto él como yo sabemos que tiene una misión y que para cumplirla, necesita utilizar el método que le he enseñado” dijo Ariel Mendoza mientras bebía un largo trago de agua.

“Por otro lado, creo que en el bando creativo debe estar Rodrigo porque utilizar un club de paintball como tapadera para acabar con sus víctimas es simplemente genial. Chus Fado es diferente, joven, famoso entre su público, millonario y aún así, necesita matar a fans y donar sus cuerpos sin vida a una Facultad de Medicina para sentirse bien. Con Dimaggio he dudado mucho, porque si bien su modo de ejecución es bastante metódico, la habitación 22 tiene algo que la hace mágica y por tanto, a ella creativa.

Sin embargo, con Borchi no lo dudé ni un solo instante. Es magnífico. Si tuviera que elegir a alguno de vosotros como compañero de equipo sin duda lo elegiría a él. Una mascota profesional que persigue a sus competidores y acaba con sus vidas utilizando su propio hábitat o sus propias características diferenciadoras no se ve todos los días. ¡Y encima, a veces se los come! Me parece muy creativo y siniestro, por qué no decirlo”, explicó Ariel Mendoza, haciendo otro breve inciso para tomar agua.

“Y luego estás tú, Laura. Estoy de acuerdo contigo en que tienes un método. De hecho, casi todos tus compañeros tienen uno, por lo que no puedo utilizar esa característica como la única para designaros en uno u otro bando”, prosiguió el profesor. “Pero tú eres diferente al resto de tus compañeros. Tenías éxito y cuando lo perdiste todo por una enfermedad apareció la psicópata que llevabas en tu interior. En cierto modo, me veo identificado contigo porque como sabes, mi historia es similar a la tuya. Yo, a diferencia de muchos de tus compañeros, no nací psicópata aunque las circunstancias y una maldición me empujaron a convertirme en lo que soy... y estoy orgulloso de ello. Y tú, Laura, tienes un don creativo. ¿A quién se le ocurriría pensar que una persona puede utilizar los programas del corazón contra sus víctimas, enviando sus cuerpos descuartizados a los lugares más pintorescos del panorama rosa nacional? ¿Necesitas más razones?”.

“No, no. Está bien. Tienes tus razones y nosotros estamos aquí para trabajar duro, apoyarnos entre nosotros, obedecerte y aprender de ti”, replicó Laura Luengo, dejando entrever una breve sonrisa.

“Me alegro que pienses así Laura, porque deberéis apoyaros como una gran familia. Quiero que seáis conscientes de que es en esta fase del curso y en las misiones que llevaréis a cabo, en las que pondréis en práctica todo lo que habéis aprendido hasta ahora. Esto que os entrego es un breve dossier con todo lo que necesitaréis saber sobre vuestras víctimas. Tenéis una copia para cada uno de vosotros”, dijo el profesor mientras sacaba de su carpeta, a su vez, dos pequeños dosieres que había dejado sobre su escritorio y los entregaba a Tony el Cachas y a Dimaggio para que los repartieran a sus compañeros.

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